18 junio, 2008

LA REINA

Con los ojos fijos en la luna, ella se prepara para su acto final, su gran espectáculo último. La arena corre por el palacio como por el hueco del tiempo y ella la detendrá con el poder de su voz que pronto agonizará.
- ¡Me la pagarás! No te quedarás con el cielo de mi reino y no me dejarás al borde del abismo con tu hijo en mis brazos. Esta noche verás lo que soy capaz; voy a hacer que el agua cante bajo la niebla de arena pero no va ser cualquier canto. Los gatos que me vigilan llorarán por última vez y derraparán de los balcones más altos del palacio; haré sentir el peso de mi voz que no supiste escuchar, ¡maldito!
Las criadas vestidas de blanco-cala se acercan, una con un gran tazón lleno de frutas maduras, la otra con un jarrón con agua fresca y la tercera con una lágrima invisible, con los hombros estremecidos y una gran canasta verde de la que se asoman telas rojas. Ella se peina su largo y lacio cabello, los gatos maúllan alrededor de ella, conjuran el secreto que se avecina en hechos tan divinos como animales. Entre medio de la noche la unión entre la muerte y el destino engendraría solamente unos segundos de historia…
- Me estás matando… yo aquí, con los ojos duros y la boca afilada para vociferar en medio de la orgía de sentimientos percudidos que me invadieron desde tu partida, y estoy… y no sé si estoy verdaderamente, porque los espejos del palacio me confunden con las voces que se pronuncian solitarias por los rincones. Anoche lloraba y de los ojos una imagen se me cayó al suelo: tu beso partido al medio y vestido de traición y negritud; al final vino una de mis criadas, lo alzó y lo llevó bajo sus ropas y yo, sola, escuchaba las palabras de los espejos ambulantes que me decían que ya era tiempo de soltar los gatos a los dioses y se unieran, y nos uniéramos y nos separáramos, aunque ya lo habías cumplido antes de pronunciado. La única palabra que me es válida escuchar es la de ellos, la tuya me traiciona desde el momento anterior a tu pensamiento; si, ellos se estacionan en mi carácter de dueña y señora y conjuran la verdad del tiempo y el espacio en mi destino. Ya esta mañana me reía de tu desvergonzada osadía y me lamentaba, carcajadas de por medio, de tu muerte futura… de la cobardía con que te enfrentaste a la muerte… jajajá jajá…
Al beber el último sorbo de agua su risa se desnudó, sus ojos se cerraron y los gatos comenzaron a cantar la danza crepuscular, vestida de rojo salió de la canasta, su lengua perfecta de muerte besó su piel, sus dientes abiertos por la sed de vida llenaron su cuerpo de lunares duales. La criada de la lágrima invisible entró corriendo asustada por los gatos y avisada por los dioses a ver a su reina, la encontró perdida entre los gatos con un espejo junto a su rostro y que vislumbraba lo que debía haber sido su última sonrisa y con la serpiente en su vientre oficiando de enviada de los dioses.

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